El 2 a 0 sobre los jujeños puso a Gimnasia frente a la chance de seguir escribiendo su propia historia. No hay tiempo para el disfrute. Hace casi un año, algunos hablábamos de una película que podía ser muy larga. Ya está. Son 40 escalones, uno más que el gran film de Alfred Hitchcock. Ambas historias de suspenso, aunque siempre es mejor cuando uno no se siente protagonista. La película del Gimnasia también es una persecución, porque el Lobo busca revalidar ante Rafaela sus 25 años continuos en primera división, su histórico lugar en la máxima categoría.
Gimnasia no jugó bien. Rápidamente encontró la ventaja y después poco, casi nada. Distensión en algunos, nervios en otros, cero fútbol. Leonardo Madelón debió "pegar" un par de gritos. Solamente el Tornado Alonso, Gastón Sessa y el Oso (¡por fín, cuanta justicia en ese "Agüero, Agüero"!) interpretaron esos "dientes apretados" de los que habló el DT en la previa. Ganó bien, llegó a los 55 puntos que permiten -si llega la ansiada salvación- vislumbrar un futuro mejor.
Párrafo aparte para Sebastián Romero. Aportó juego -más en el primer tiempo- y convirtió los dos goles. Cuando salió reemplazado, se llevó en sus oídos una ovación y el abrazo agradecido del debutante Dardo Miloc. Después de un par de partidos flojos, volvió Chirola. Justo a tiempo.
El campeonato es pasado. Ahora, hay que pensar en la "Crema", familiarizarse con nombres como Darío Capogrosso, Diego Menghi, Iván Juárez o Aldo Visconti. Atlético Rafaela fue tercero en la B Nacional, a 12 puntos del campeón Atlético Tucumán. Sumó 62 unidades gracias a 17 triunfos, 11 empates y 10 derrotas, con 47 goles a favor y 39 en contra. En la Bombonerita solamente perdió dos veces y cayó en 8 oportunidades en calidad de visitante. Su goleador fue Jonathan López, con 10 gritos.
Los partidos de promoción serán el jueves 9 a las 15.30 (¿con 3800 lugares para el triperío?) y el domingo a las 19 hs en el Bosque. la ventaja deportiva será para Gimnasia.
El jueves, Rafaela debe ser otra Ciudadela. Convicción adentro y afuera. Aliento y entrega. Otro partido para apretar los dientes y dejar todo. El premio es enorme, incalculable: abandonar el sufrimiento, ese perro fiel que acompañó durante todo un año.
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